sábado, 12 de diciembre de 2015

Esos vigilantes nocturnos con los que nadie cuenta

Llevo tres noches de insomnio, inaugurando temporada de mocos, tos y fiebre.
Noches de esas en las que tu hijo decide que sólo puede dormir si es en brazos mientras tú haces kilómetros por casa.
Noches en las que tu cansancio y tu mente forman un equipo de lo más original.

En esas noches, yo, siempre acabo igual.Tras largos paseos,plantada ante la ventana perdida en pensamientos e imaginaciones surrealistas .
Entonces estás presente, a esas horas intempestivas de la madrugada, en la vida de la calle.
Y ves a los estudiantes volver a casa entre risas e historias, ves personajes que pasean perdidos, y hasta ves cómo la policía se lleva a una parejita que la lían bien parda intentando sacar el coche sin poder mantenerse ni en pie.

Y entonces me da por pensar en cuántas madres o padres están en la misma situación que yo, cuántos paseos por los pasillos, cuántas canciones, cuántos bostezos, y cuántos como yo acaban siendo pequeños guardianes de la ciudad.

Y es que la ciudad no sólo está llena de cámaras de seguridad.


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