martes, 25 de julio de 2017

Mi decisión del parto en casa

Siempre he sido una friki en el tema parto y crianza.

Recuerdo que un par de años antes de quedarme embarazada de mi primer hijo me dio por leer sobre parto natural y los beneficios del parto en el agua y dije "así pariré yo".

Cuando me quedé embarazada de Martín leí muchísimo sobre el parto y estaba convencida de que quería que fuese lo más natural posible. 

Siempre he tenido claro que el parto es un proceso fisiológico, para el que el cuerpo de una mujer está preparado, el momento más natural, sexual y espectacular que como mujer puedo vivir. Siempre quise que fuese tal y como ha de ser según la naturaleza y vivirlo 100% e intensamente.

En esa ocasión a pesar de que pensaba mucho en el parto en casa no me informé. Di por hecho que no me lo podía permitir económicamente y a parte me daba respeto por lo desconocido. 

Del parto sólo nos venden el dolor, nos lo meten tanto en la cabeza que la palabra parto ya duele sólo oírla. Nos han inculcado un miedo que ha hecho que no queramos saber del tema, nos resignamos a pasar por ello porque no nos queda de otra...

Yo quería vivir lo bonito. El parto a pesar de doler me parecía lo más maravilloso que iba a vivir.

A pesar de que mi intención siempre fue un parto natural, acabé teniendo un parto inducido, con oxitocina, suero, una matrona que no me dejaba moverme, episotomía y todo ese pack completito. No me puse epidural, y aunque fue horrible, jamás me arrepentí de ello.

Esta vez era diferente, ya sabía lo que era un parto, ya había soportado el dolor de las contracciones con oxitocina sintética,mucho más dolorosas que las naturales, tenía el optimismo de que los segundos partos son más sencillos, pero sobre todo,siempre lo sentí. Tal cual, lo sentí, no me imaginaba pariendo en el hospital. No, si no era necesario.

En primer lugar creo que ha de ser la mujer la que decida dónde lo hace, y en segundo lugar creo que se debería parir en el hospital sólo cuando fuese necesario.

Seguramente nada de esto hubiese sido posible sin mi apoyo incondicional, mi pareja, el cual me sigue, me apoya, confía en mí como el que más y me motiva a diario para cumplir mis sueños. Si él no hubiese estado de acuerdo hubiese sido muy complicado.

Al tomar la decisión me puse en contacto con Ocean Comadronas un grupo de matronas que atienden partos en casa en Granada. Sí, sí, matronas, las mismas que te pueden atender en la Seguridad Social, con su título, su experiencia y su pasión. No son chamanas, ni nada raro.

Conocerlas fue increíble, tranquilizador y motivador.

Supe lo seguro que es, supe que de verdad esa decisión no me ponía en riesgo, ni a mi ni a mi hija. Supe que aunque es un servicio privado es asequible y que ellas te lo facilitan al máximo.

Es una pena que haya que pagarlo, que no nos dejen decidir libremente. Aún así, no me arrepiento de ese gasto en absoluto.

Son nueve matronas, jóvenes, apasionadas de su trabajo, muy actualizadas, muy seguras, y con una experiencia increíble. Verlas en las visitas que me hacían en casa era un chute de motivación que me duraba durante días. 

Si te lo planteas pero tienes dudas, llámalas, no te arrepentirás de charlar con ellas.

Gracias Rocío, Blanca, Dora, Helen, Christina, Eloísa, Nani, Silvia y Beatriz. Os admiro muchísimo a todas y os envidio, tenéis el trabajo más bonito que se puede tener, y dais la oportunidad a mujeres que como yo, quieren parir en casa, acompañadas y seguras. Sois de verdad muy valientes, mil millones de GRACIAS

Decidirme no fue fácil, tristemente por los prejuicios que hay, la desinformación y que sabía que se me iba a juzgar y sentenciar de "loca irresponsable". 

Desde el parto son muchísimas las veces que he oído " qué valiente eres" y sí, así me siento, no por el parto en sí, sino por haber decidido por mí misma, segura de la decisión, limpiándome de ataduras y miedos personales o familiares. Fui valiente .

Parir parimos todas, toda mujer que da vida es valiente, sea donde sea. No me siento mejor,ni peor,no me siento valiente con respecto al dolor. Todo lo contrario, me da miedo la muerte, el dolor, me da miedo todo lo que al resto de mortales, la única diferencia es mi visión del parto.

Decidí y viví el parto que siempre soñé, le regalé a mi hija la manera de nacer que quería para ella y hubiese deseado para su hermano. Jamás puse ni sentí poner mi vida ni la de mi hija en riesgo. 

Fue emocionante preparar mi casa, mi mente, mi familia. Fue emocionante la espera, el deseo, la llegada.

Sin duda, la mejor experiencia de mi vida.